Los elementos que componen los activos, máquinas, vehículos, y equipos de cualquier tipo sufren diferentes deterioros, provocados errores de diseño, construcción, instalación o explotación, que pueden relacionarse con problemas tribológicos, asociados a la deficiente lubricación.

La lubricación es la acción de interponer una capa fina de sustancia lubricante, “tercer cuerpo”, entre dos superficies que se deslizan una respecto a la otra, con el objetivo de reducir la fricción, el desgaste, transferir el calor que se genera, y arrastrar las partículas de desgaste que surgen en el proceso, así como la protección de la superficie de trabajo. La lubricación puede jugar un papel importante en la reducción de las pérdidas energéticas, a través de la reducción de la fricción. El lubricante se debe suministrar limpio, fresco y seco en la cantidad adecuada y el momento oportuno.

Los lubricantes pueden ser empleados para realizar acciones de diagnóstico porque proporcionan una valiosa información. En un lubricante pueden ser determinados los niveles de degradación, contaminación y presencia de elementos de desgaste de las piezas que son lubricadas, lo que permite examinar el estado del lubricante y el equipo, incluso en los casos en los que se cuente con suficientes datos, y sistematicidad en los análisis, determinar las tendencias de los procesos que se desarrollan en el activo. Todo ello facilita definir si se debe realizar acciones de mantenimiento, su tipo y envergadura.